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La soledad como fenómeno social

Soledad

Con el paso del tiempo, las costumbres de una sociedad y las tradiciones familiares cambian inexorablemente. Hoy y a tenor de las ventajas de conectividad que ofrecen las nuevas tecnologías se asume que las personas están cada vez más conectadas. Sin embargo, hay quienes no se sienten listos para adaptarse a las nuevas herramientas tecnológicas en su día a día, y en consecuencia, pasan a ser miembros de una sociedad que cada vez los excluye más. Esta situación es especialmente generalizada y grave en el caso de los mayores.

Según el Instituto Nacional Estadística (INE) en España hay más de dos millones de mayores de sesenta y cinco años que viven solos. Aproximadamente, cinco millones viven en hogares unipersonales y el 1,5% son mujeres, unas cifras que sólo reflejan una visión parcial de la problemática. Sin embargo, envejecer y vivir solo, no debería ser el problema. La vejez es una etapa de la vida y el hecho de sentirse solo no necesariamente va asociado a la edad sino a múltiples factores. Sentir que nos falta algo o tener un vacío que no sabemos cómo llenar es una realidad presente en cualquier etapa de la vida, desde la infancia hasta la vejez.

Según el INE, en España hay más de dos millones de mayores de sesenta y cinco años que viven solos

Por ello, el concepto de soledad es un estado y actualmente se ha convertido en un fenómeno social objeto de estudio por parte de diferentes disciplinas, principalmente en el ámbito de las ciencias de la salud. El sentimiento de soledad puede llegar a significar un gran sufrimiento. Según un estudio de la Fundación La Caixa, hasta el 20% de las personas entre 20 y 40 años tienen peligro de aislamiento social por soledad.

Asimismo, el tipo de personalidad influye de manera decisiva en el cómo se vive y se gestiona este estado. Hay muchos factores y estadísticas que derivan del concepto. El Dr. Javier Yanguas, profesor de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid y Director Científico del Programa de Mayores de Obra Social “la Caixa” apunta que, “sentirse solo no tiene que ver con la pérdida de la totalidad de las relaciones, sino con la pérdida de algunas relaciones especialmente significativas”, ya que éstas han jugado un papel fundamental en la vida afectiva, cognitiva y social de la persona. Esta situación se da, principalmente, en personas mayores que pierden a sus parejas con las que han convivido toda una vida y en el presente están rodeados de hijos, de nietos, de bisnietos, pero echan de menos “esas relaciones significativas”, apunta.

Además, y ahondando en otras causas, Yanguas afirma que “la soledad es algo que tiene que ver, no sólo con la persona, ni con relaciones con otras personas, sino que tiene que ver con la vinculación comunitaria”, refiriéndose al papel que cada persona juega en el entorno donde habita. En nuestra sociedad, muchas personas están atrapadas en este sentimiento de soledad porque les falta ese engarce social y comunitario. El sentido de pertenencia al grupo es un atributo que nos distingue como humanos.

La soledad está asociada a una vivencia enriquecedora porque invita a la introspección y al crecimiento en autonomía e independencia

Finalmente, y para liberarla de su connotación negativa, la mayoría de las personas valoran los momentos que pasan a solas con la salvedad de que hay quienes necesitan períodos más largos o más cortos. La soledad es una oportunidad que invita a desconectar y a concentrarse. También está asociada a una vivencia enriquecedora porque invita a la introspección y al crecimiento en autonomía e independencia.

Como conclusión, cabe destacar que el fenómeno de la soledad no es, en esencia, negativo sino que responde a un conjunto de factores que interactúan entre sí para desembocar en una vivencia personal e intransferible asociada al momento vital, a la personalidad y a las circunstancias de cada persona.