Personas

En España, 7 de cada 10 personas mayores de 65 años que viven solas son mujeres

Mercedes representa a todas las personas en situación de soledad no deseada.

Según un estudio elaborado en 2018 por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de Washington de mantenerse la tendencia actual, España será el país más envejecido del mundo para 2050, superando a Japón.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2018, indican que, en los últimos años, el número de hogares unipersonales habitados por personas mayores de 65 años ha crecido casi un 9,30%. En cuanto a la distribución por sexos, casi un 75,5 % del total son mujeres; 79.500 frente a 27.100 varones, una cifra que se traduce en que 7 de cada 10 personas que viven solas en nuestro país son mujeres.

Diversos estudios demuestran que la soledad y el aislamiento social en las personas mayores es un problema social emergente y el perfil más vulnerable es el de las mujeres mayores con escasos recursos económicos, nivel bajo de estudios y que viven solas por obligación. En este sentido se expresa la Dra. María Victoria Zunzunegui, Doctora en Epidemiología por la Universidad de Berkeley (California) y experta internacional en investigar los factores sociales que afectan a las enfermedades en las personas mayores: “las mujeres tienen más problemas económicos a lo largo de su vida, también mayores problemas sociales porque están expuestas a más situaciones de violencia, concretamente, a violencia de género y, después la mayoría acumulan una historia reproductiva que también condiciona su salud”. Además, prosigue la investigadora, “su rol como cuidadoras también propicia situaciones de crisis derivadas de la ausencia de tiempo y de recursos, con la consiguiente pérdida de habilidades para el autocuidado”.

La soledad, un problema de salud pública

Y es que la soledad no deseada, tal como están demostrando estudios científicos, afecta a la salud y a la calidad de vida de las personas mayores y se perfila como un factor de riesgo para la depresión, el deterioro cognitivo y la mortalidad. Una investigación de la Universidad Brigham Young (BYU), Estados Unidos, asegura que la soledad se ha convertido en una cuestión de salud pública, causando peores consecuencias que el tabaco o la obesidad, incluso se concluye que “aumenta el riesgo de muerte prematura en un 50%”. Ante esta realidad, el Reino Unido ha sido el primer país en tomar medidas y en 2018 creó el Ministerio de la Soledad, para combatir una problemática que afecta 9 millones de personas en el país (un 13,7% de la población).

Pese a considerarse una cuestión de salud pública, la soledad no es una enfermedad “sino una condición psicológica y social que incluye aspectos cognitivos y emocionales de malestar, de valorar insuficiente el apoyo social recibido. La soledad nos habla de nuestra vulnerabilidad y de la necesidad que tenemos de los otros” afirma, Laura Coll i Planas, médica y doctora en Salud Pública y responsable de investigación de la Fundació Salut i Envelliment de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Es decir, la soledad es un factor de riesgo que repercute sobre la salud y la calidad de vida de las personas y se debe prevenir, principalmente, interviniendo sobre los factores sociales que la causan.

En los últimos años se están poniendo en marcha diferentes estrategias preventivas y de intervención comunitaria desde diferentes administraciones y entidades públicas y privadas para promover la corresponsabilidad y la formación de redes de apoyo. El Observatorio Ciudades que Cuidan de la Fundación Mémora quiere ser un altavoz para dar visibilidad a múltiples programas e iniciativas puestas en marcha por parte de administraciones públicas y privadas, empresas, entidades sociales y todo tipo de comunidades anónimas para concienciar y sensibilizar de que este nuevo marco social ha llegado para quedarse.