Personas

El compromiso de Mémora: rendir homenaje en memoria de los fallecidos

Si algo ha distinguido al ser humano desde los más remotos tiempos ha sido el respeto y atención a sus seres queridos, tanto en el momento de su adiós terrenal, como en el posterior tratamiento a su cuerpo. Esto queda representado en los rituales funerarios, propios de cada cultura. Aunque sean a veces muy diferentes en duración y actividades, siempre se dan, siempre están presentes.

Salvo épocas de catástrofes incontrolables o de enfrentamientos bélicos, todos hemos cuidado de nuestros seres queridos y de nuestros semejantes, acompañándoles en sus últimos momentos y dándoles sepultura u otro tratamiento de acuerdo a nuestras costumbres y creencias culturales. Por ello ha sido siempre posible, por parte de arqueólogos y antropólogos, reconstruir una parte muy importante de la historia de la humanidad el estudiar las culturas y sus costumbres analizando lugares de enterramiento, desde los más lujosos como puedan ser las pirámides, hasta los más humildes, como son casi todos los demás.

Nuestro ADN de seres humanos tiene codificado ese cuidado y respeto, y el hecho de que no podamos hacerlo no sólo genera un sentimiento de impotencia y culpa, sino que a medio y largo plazo afecta aquello que es único del ser humano y que llamamos conciencia.

En estos momentos especialmente duros, recuerdo con respeto un breve poema del poeta colombiano, nacido en Popayán, Antonio Muñoz Feijoo (1851-1890), que les comparto:

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía!

No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos;
los que mueren con honra son los vivos
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos
la vida es el honor y es el recuerdo
por eso hay muertos que en el mundo viven
y hombres que viven en el mundo muertos.

Nadie muere mientras está en nuestro recuerdo, nadie que nos haya amado y a quien nosotros hayamos querido muere en nuestras vidas, nunca, a no ser que nosotros queramos.

Nadie muere mientras está en nuestro recuerdo, nadie que nos haya amado y a quien nosotros hayamos querido muere en nuestras vidas, nunca, a no ser que nosotros queramos. En estos momentos tan duros y tan difíciles, cuando nuestro pensamiento y nuestro sentimiento, cuando «nuestro ADN» se revela o intenta revelarse impotente ante las circunstancias, debemos de ser capaces de encontrar consuelo en esas personas que ya no están en el mundo pero que viven en el mismo porque viven en nosotros, todas aquellas personas a las que queremos y siempre querremos y permanecerán vivas mientras nosotros lo estemos.

Desde esta tribuna, y como miembro del Patronato de la Fundación Mémora, quiero expresar el compromiso de que, una vez superada esta situación catastrófica global, se pondrá a disposición de las familias los medios para organizar actos emotivos y presenciales de despedida en memoria de los que se fueron, como símbolo de nuestro respeto y amor hacia todas ellas y todos ellos.