Personas

Acompañar desde los Servicios Sociales Municipales en tiempos de COVID-19

El Covid-19 ha golpeado duramente a las personas mayores con patologías de salud previas, este es el perfil de vulnerabilidad de esta crisis. La vulnerabilidad entendida como enfermedad, final de la vida, aislamiento y soledad.

La demografía asociada al progreso nos dibuja una pirámide poblacional de generaciones que viven mucho más años. Un 18% de la población pertenece a generaciones que no tuvieron interrupciones bélicas en su vida y ahora se enfrentan al fenómeno de una pandemia. En estas circunstancias, la edad se convierte en un motivo de discriminación ya que se aplica el criterio del edadismo a la hora de utilizar los limitados o escasos recursos para salvar vidas, una actuación necesaria en tiempos de guerra. Los dilemas éticos han asaltado de manera inédita a la práctica cotidiana de los profesionales de los ámbitos sanitarios y sociales.

Otra de las características de nuestra sociedad es la gran movilidad de la población que, en muchos casos, ha provocado la falta de contacto personal de las familias con sus personas mayores, esto ha agudizado la sensación de vacío o abandono en la cuarentena. La muerte se ha producido en soledad en los hospitales, las casas y las residencias de mayores, sin que los seres queridos hayan podido despedirse, esto deja heridas sociales y espirituales que habrá que reparar en la etapa post-crisis.

El modelo de residencias de mayores se ha puesto en tela de juicio, algunas de ellas han tenido que ser apoyadas por las UMES, protección civil etc., con las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales colapsadas, hemos encontrado con residencias de mayores que podrían haber dado respuestas si hubiesen estado medicalizadas.

Me pregunto: ¿Se puede propiciar una ciudad que cuide en cuarentena por el COVID-19?, esta situación ha puesto sobre la mesa el gran valor de los servicios de proximidad y las comunidades territoriales, así como de la necesidad de uso universalizado de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y las comunidades virtuales. Asimismo, pone de relieve la gran utilidad de la coordinación entre servicios sociales y los sanitarios, de los Comités de ética y de los planes municipales de lucha contra la soledad. Finalmente, ha puesto de relieve la importancia de los Grupos de voluntariado, muchos de ellos canalizados desde los Colegios Profesionales, la Protección Civil y las UMES.

Se ha puesto en valor lo mejor y lo peor de nosotros mismos, así podemos coleccionar historias de solidaridad emotivas, de acompañamiento social, con grupos de voluntariado, trabajadoras sociales de atención primaria de sanidad y de servicios sociales llamando a todas las personas mayores del municipio y realizando seguimiento, acompañando su vulnerabilidad sanitaria y social.

Se ha podido seguir atendiendo desde los servicios sociales a las personas mayores, diversificando la tele asistencia y la ayuda a domicilio añadiendo servicios como la compra. Pero también hemos visto cómo se han dado estafas a las personas mayores aprovechándose del momento de crisis y confinamiento y hemos visto batallas políticas al margen de la prioridad de la pandemia.

Por último, me pregunto: ¿Cómo podemos estar preparados en los municipios para hacer que una persona mayor pueda vivir con dignidad ante esta situación? Hace falta la búsqueda de respuestas, como en todas las crisis hay un proceso pre, durante y post, que debemos tener en cuenta para estar más preparados.

Esta crisis puede tener un impacto en la conceptualización de la globalización como fenómeno de mundialización, probablemente se apueste más por lo local, por ello una de las áreas más trabajada debe ser la sostenibilidad en el territorio y el respeto al medio ambiente desde la incardinación en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Fue difícil predecir que algo así podría ocurrir, ahora toca recomponer y generar buenas prácticas; estar preparados. Una de las prácticas idóneas son los Planes Municipales de Soledad, así como establecer mecanismos de acción comunitaria que tengan actuaciones específicas en situación de crisis.

Las Comisiones creadas pueden contar con los agentes sociales y económicos, el tejido social, las entidades privadas, el partenariado, así como con las distintas áreas municipales: cultura, mayores, participación ciudadana, servicios sociales, centros de salud, centros de día, residencias etc. Sus objetivos deben estar enfocados a la sensibilización de la población sobre los procesos de envejecimiento, final de la vida y duelo, así como que fomentar la participación de las personas mayores en su comunidad.

Creo que otra novedad que nos aporta la experiencia es la necesaria introducción del desarrollo comunitario virtual como herramienta que integre las TICs así como, añadir una comisión de actuación ante situaciones de crisis como la pandemia del COVID-19 teniendo en cuenta lo que ha sucedido como lección aprendida.